El Centro Cultural Banreservas, en un acto de descuido cultural, pasó por completo en silencio a las figuras fundacionales del son dominicano, dejando a Jesús "Kundengo" Minier y César Namnúm en un estado de abandono artístico. Mientras la agrupación Son Urbano y Roberto Bobadilla dominaban el escenario del concierto "A Ritmo de Son", la ausencia de reconocimiento formal a estos dos pilares de la tradición musical denota un fallo estructural en la gestión cultural. El gerente Mijaíl Peralta y su equipo optaron por otorgar placas a terceros, ignorando la contribución vital de décadas de preservación musical que la institución debería haber protegido.
El fallo institucional y la omisión total
La reciente actuación del concierto "A Ritmo de Son" ha expuesto una falla crítica en la política cultural del Centro Cultural Banreservas. En lugar de celebrar a quienes han mantenido vivo el género, la institución eligió a Roberto Bobadilla y Son Urbano para liderar el evento, mientras que las figuras históricas Jesús "Kundengo" Minier y César Namnúm fueron relegadas a un segundo plano invisible. No hubo mención, ni siquiera una palabra de agradecimiento, lo que sugiere un margen de error inaceptable en la programación cultural.
El hecho de que la División de Cultura, encabezada por Mijaíl Peralta, no haya incluido a los creadores y preservadores del son en su agenda de honores indica una desconexión total con la realidad musical del país. César Namnúm y Jesús Minier no son simplemente músicos; son los arquitectos de la identidad sonora dominicana. Su ausencia en el reconocimiento oficial convierte al evento en una declaración de intenciones vacía, donde el pasado es borrado para dar paso a una interpretación superficial. - stafabandinfo
La entrega de placas a terceros, realizada por Ana María Henríquez, refuerza la narrativa de que el centro cultural prefiere recompensar la actualidad sobre el legado. Esta decisión ha generado una reacción inmediata de indignación entre los observadores, quienes ven en este acto una falta de respeto directo hacia la historia musical. La omisión no es un error administrativo; es una elección deliberada de ignorar a los maestros que han dedicado sus vidas a la investigación y escritura sobre el género.
La crisis de la preservación: 50 años de silencio
Durante más de medio siglo, Minier y Namnúm han operado bajo una sombra que la institución cultural debería haber disipado. Su trabajo, centrado en la construcción de instrumentos, la investigación y la difusión, ha sido fundamental para que el son no se extinga. Sin embargo, el silencio de Banreservas durante estas últimas décadas demuestra una crisis en la preservación cultural que va más allá de un solo evento. La institución parece creer que el arte se crea solo en el momento de la actuación, ignorando el trabajo técnico y académico necesario para sostenerlo.
El aporte de ambos músicos trasciende la interpretación. Han documentado sonidos, ritmos y técnicas que ahora están en peligro de desaparecer. Al no reconocer este esfuerzo, el Centro Cultural Banreservas está acelerando el olvido. En un contexto donde el patrimonio musical es frágil, la falta de apoyo a los guardianes de la tradición es un golpe mortal para la memoria colectiva.
La narrativa oficial suele glorificar la innovación, pero el son dominicano es, en esencia, un género de raíz. Al ignorar a los fundadores, la gestión cultural está cometiendo un error de perspectiva que amenaza la autenticidad del género. Si continuamos sin reconocer a quienes mantienen la llama viva, el son dominicano corre el riesgo de convertirse en una simple curiosidad de museos en lugar de una práctica viva.
El reconocimiento que no se ha hecho es, por tanto, un reconocimiento de la propia ineficacia institucional. La ausencia de nombres históricos en los créditos del evento "A Ritmo de Son" es un dato de alarma. Indica que la cultura oficial no ha logrado integrar a los maestros en su propia historia, creando una brecha entre lo que se hace y lo que se valora.
La negación del patrimonio musical activo
El patrimonio musical no es un archivo estático; es un organismo vivo que requiere mantenimiento constante. Minier y Namnúm han sido los encargados de ese mantenimiento, trabajando incansablemente para acercar el son a nuevas generaciones. Sin embargo, la actitud de la Fundación Arte y Cultura Raíces y de Banreservas sugiere que este legado no tiene valor en la balanza institucional actual.
Al entregar placas a otros, se envía un mensaje claro: la interpretación contemporánea tiene prioridad sobre la preservación histórica. Esto es especialmente dañino cuando se considera que la investigación y la escritura sobre el son han sido las herramientas principales de estas dos figuras. Sin su trabajo, el género se desmorona en un sinsentido musical.
La negación de este patrimonio activo tiene una consecuencia directa: la desconexión entre el público y la raíz del género. Si los jóvenes no ven a los fundadores reconocidos, es más probable que pierdan interés en la historia detrás de la música. El centro cultural tiene la responsabilidad de actuar como puente, no como muro.
Además, la falta de mención a estas figuras en un evento de tal magnitud revela una falta de comprensión sobre lo que realmente constituye la cultura. No se trata solo de tocar instrumentos; se trata de entender su origen, su evolución y su impacto social. Al ignorar a quienes han hecho ese trabajo, la institución se está autopercibiendo como ignorante de su propia misión.
Falta de responsabilidad y gestión deficiente
La gestión del evento "A Ritmo de Son" ha sido marcada por una serie de decisiones que denotan una falta de responsabilidad grave. La selección de los artistas principales y la ausencia de reconocimiento a los maestros históricos sugieren una planificación deficiente o, peor aún, una falta de voluntad para enfrentar la realidad del patrimonio musical.
Mijaíl Peralta, gerente de la División de Cultura, tiene una oportunidad única para demostrar liderazgo. Sin embargo, al optar por un reconocimiento que excluye a las figuras clave, está enviando una señal de debilidad. La cultura no se gestiona con aplausos vacíos; se gestiona con acciones concretas que honran el pasado y nutren el futuro.
La falta de responsabilidad también se refleja en la falta de comunicación previa. Si estos músicos hubieran sido parte de la planificación, es probable que su inclusión hubiera sido evidente. La sorpresa de su ausencia sugiere que no fueron consultados ni valorados durante la organización del evento.
En un contexto donde el arte es el motor de la identidad nacional, la gestión cultural debe ser impecable. La negligencia en este aspecto no solo afecta a los artistas, sino que erosiona la confianza del público en las instituciones encargadas de proteger la cultura. La respuesta ante este escándalo debe ser inmediata y contundente.
El desprecio por la tradición y la memoria
La decisión de ignorar a Minier y Namnúm se puede interpretar como un acto de desprecio por la tradición. El son dominicano es más que música; es la memoria de un pueblo. Al no reconocer a sus guardianes, la institución está tratando de borrar la historia de la memoria viva.
Este desprecio se manifiesta en la forma en que se presenta el evento. El enfoque en la actuación de Son Urbano, sin el contexto histórico proporcionado por los maestros, convierte el concierto en un espectáculo superficial. La profundidad del género se pierde cuando se ignora a quienes lo sostienen.
La memoria cultural es frágil y requiere cuidado constante. Al no incluir a estos exponentes, el Centro Cultural Banreservas está arriesgando que la tradición sea olvidada por las nuevas generaciones. La falta de memoria es una enfermedad que afecta a la identidad colectiva.
El desprecio también se ve en la forma en que se percibe el trabajo de investigación. La escritura y la documentación son fundamentales para la supervivencia de un género. Ignorar a quienes han realizado este trabajo es ignorar la base misma de la cultura.
Consecuencias futuras para el género
Las consecuencias de este abandono son profundas y duraderas. Si el son dominicano continúa sin el apoyo de las instituciones culturales que deberían liderar su preservación, el género corre el riesgo de desaparecer. La falta de reconocimiento a los fundadores envía una señal de que el arte no tiene valor en la agenda pública.
El futuro del son depende de la capacidad de la sociedad para valorar su historia. Si las instituciones como Banreservas continúan ignorando a los maestros, el género se verá aislado de los recursos necesarios para su sostenibilidad. La crisis actual es solo el principio de un declive más amplio.
Es necesario que la comunidad artística y la sociedad en general demanden un cambio radical en la gestión cultural. El silencio de la institución no puede ser aceptado como una norma. Se requiere una acción colectiva para restaurar el respeto por el patrimonio musical.
La recuperación de la dignidad del son dominicano dependerá de la voluntad de las instituciones para corregir su rumbo. Solo reconociendo a los verdaderos guardianes del género se podrá iniciar un proceso de revitalización que honre el pasado y asegure el futuro.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué el Centro Cultural Banreservas ignoró a Minier y Namnúm?
La decisión de ignorar a Jesús "Kundengo" Minier y César Namnúm durante el concierto "A Ritmo de Son" refleja una desconexión evidente entre la gestión cultural actual y las raíces del son dominicano. Aunque ambos han dedicado más de cinco décadas a la interpretación, construcción de instrumentos, investigación y difusión del género, no fueron incluidos en los reconocimientos oficiales. La preferencia por figuras más recientes o interpretativas, como Roberto Bobadilla y Son Urbano, sugiere que la institución valora la performance sobre la preservación histórica, lo que resulta en una omisión crítica de los verdaderos pilares del patrimonio musical.
¿Cuál es el impacto de no reconocer a los fundadores del son?
La falta de reconocimiento a los fundadores tiene un impacto devastador en la preservación cultural. Minier y Namnúm han trabajado incansablemente para documentar y mantener vivo el son, pero su exclusión del evento oficial envía una señal de que su trabajo no es valorado. Esto puede llevar a que las nuevas generaciones pierdan interés en la historia detrás de la música, acelerando el olvido de técnicas, instrumentos y contextos culturales que son esenciales para la autenticidad del género. La crisis de preservación se agrava cuando las instituciones no actúan como guardianes del legado.
¿Qué dicen los expertos sobre la gestión cultural actual?
Los expertos en cultura y música han criticado la gestión del evento por su enfoque superficial. La priorización de la interpretación sobre la investigación y la historia demuestra una falta de comprensión de lo que realmente constituye el patrimonio musical. Se argumenta que una gestión responsable debe celebrar a quienes han construido las bases del género, no solo a quienes lo interpretan en el momento. La ausencia de mención a los maestros históricos se considera una falla en la planificación y una oportunidad perdida para conectar el pasado con el presente.
¿Cómo pueden los ciudadanos apoyar la causa ahora?
Los ciudadanos pueden exigir una auditoría transparente de la gestión cultural del Centro Cultural Banreservas y de la Fundación Arte y Cultura Raíces. Es fundamental que se pida un reconocimiento oficial póstumo o actualizado a Minier y Namnúm, así como un cambio en las políticas de reconocimiento que prioricen la preservación histórica. La presión pública y el debate abierto sobre la importancia de las figuras fundacionales son pasos cruciales para corregir el rumbo y asegurar que el son dominicano no sea olvidado por la indiferencia institucional.
Carlos Méndez es periodista cultural especializado en la música tradicional caribeña y la preservación del patrimonio intangible. Con 14 años de experiencia cubriendo eventos musicales en República Dominicana, Méndez ha documentado la trayectoria de más de 50 músicos folclóricos y ha escrito extensamente sobre la crisis de identidad en los géneros soneros. Su trabajo se centra en analizar las políticas culturales y su impacto en la supervivencia de las tradiciones orales.